Una visión común para la sustentabilidad en el Mar de Cortés

Por: Catalina López Sagástegui

En los mares mexicanos abunda una riqueza inigualable. Desde arrecifes llenos de coloridos peces que se esconden entre abanicos de mar, hasta aguas azules y profundas donde especies majestuosas como calamares, tiburones o mantas gigantes nadan en busca de alimento. Recorrer nuestras costas es una aventura que nos lleva por lagunas costeras en las que cada invierno nacen nuevas generaciones de ballena gris; playas arenosas que despiertan en las noches con el arribo de tortugas marinas; y esteros y lagunas abrazados por verdes bosques de manglar, en donde la abundancia de camarones, almejas y peces se convierte en sustento para miles de pescadores y sus familias.

De los mares que rodean a México, la alta biodiversidad del Golfo de California lo convierten en un lugar valioso para el sector pesquero y el turístico, y también para el sector de conservación cuya historia trabajando para protegerlo es larga. Con las necesidades alimentarias de una población creciente, una industria turística que va en aumento y pesquerías en su máximo nivel de aprovechamiento, encontrar cómo satisfacer las necesidades de cada sector es un desafío constante.

El reto entre conservación y la pesca no comenzó ayer. Históricamente se ha abordado con una perspectiva de esfuerzos aislados, como si ambas fueran excluyentes. Ambos sectores buscan soluciones en sus propios baúles de herramientas, sin comunicarse y sin reconocer sus limitaciones. Este tipo de estrategia ha resultado en catástrofes ambientales como la que se vive en el Alto Golfo. La presión por proteger a la vaquita marina no ha beneficiado a la especie y ha incentivado la pesca ilegal (afectando a otra especie protegida: la totoaba). Hoy, las comunidades dependen de subsidios insostenibles y batallan para adaptarse a una realidad que incluye la pesca, la incertidumbre aumenta y la calidad de vida se deteriora.

No podemos ignorar que la pesca genera ingresos para las comunidades que rodean al Golfo de California. Aquí se producen en promedio un millón de toneladas de producto marino al año, equivalente a 5 500 millones de pesos. Sin embargo, la abundancia del capital natural en el Golfo no es infinita y ha alcanzado serios niveles de sobreexplotación.

La solución no es pasar más tiempo en el mar o aprovechar nuevas especies para solventar las pérdidas económicas generadas por pesquerías colapsadas o en deterioro. El sector debe disminuir su dependencia de fondos públicos que sólo aumentan el esfuerzo pesquero, distorsionan el comportamiento de los mercados e impiden a México alcanzar sus metas de sustentabilidad.

El sector conservación, por su parte, debe aprender a ser más incluyente y a navegar entre una variedad de contextos; modificar estrategias, sin sacrificar una visión sustentable. La conservación debe encontrar el balance entre el valor intrínseco y el percibido de la biodiversidad; debe buscar el beneficio social en todo su significado. La solución a los problemas de sustentabilidad no está en limitar el acceso a nuestros recursos naturales, sobre todo cuando no existe la capacidad humana para ejecutar una medida de este tipo.

En el Golfo de California urge una visión multidisciplinaria que integre metas y estrategias de colaboración. Este es el reto más grande. Mientras que los sectores de pesca, turismo y conservación empujan agendas particulares, la ciencia debe ser el compás que los guía hacia la sustentabilidad. Es tiempo de que el sector académico se vuelva un actor activo y visible en la discusión. La ciencia debe ser neutral y objetiva, y debe alimentar las discusiones en torno al aprovechamiento y cuidado de los recursos naturales.

Todos tenemos una meta en común: el bienestar de las comunidades. El desarrollo social, en todo su ámbito, debe ser lo que empuje a los líderes de estos sectores a trabajar para que el balance entre el aprovechamiento y la salud de los ecosistemas marinos del Golfo de California se alcance.