¿Por qué crear una Reserva de la Biosfera en el Mar de Cortés y el Pacífico Sudcalifornianos?

Por: Mario Gómez

La Coalición en Defensa de los Mares (CODEMAR) —de la que soy miembro fundador— propone la creación de un área marina protegida de más de 19 millones de hectáreas en las aguas que bañan Baja California Sur; de no hacerlo a la brevedad, el “Acuario del Mundo” (bautizado así por Jacques Cousteau) podría convertirse en un verdadero panteón marino como consecuencia de la devastación ocasionada por la industria pesquera.

El Mar de Cortés comenzó a llamar la atención de la comunidad conservacionista en la década de los 70, cuando en el Alto Golfo de California (entre Baja California y Sonora) se avecinaba un problema grave relacionado con la inminente extinción de la vaquita marina que quedaba atrapada en las redes de los pescados que buscaban totoaba; en lugar de resolver este problema de raíz, se fueron creando distintas estrategias que eran apenas soluciones coyunturales y que, por supuesto, no resolvían en nada el origen del conflicto.

Desde entonces, diferentes gobiernos sugirieron que la respuesta correcta se encontraba en la creación de Áreas Marinas Protegidas (AMP), pero se olvidaron de los principales actores de la zona: los pescadores ribereños. Al no involucrarlos en la ecuación, hoy queda claro por qué no se ha resuelto un problema tan añejo.

Así, décadas después vemos que esta situación se ha extendido en todo el Mar de Cortés donde los más de los instrumentos de manejo pesquero que se han usado para darle un rumbo sustentable a la región no están surtiendo efecto; las posibilidades se están agotando y antes de que pase algo atroz estamos sugiriendo el nacimiento de una Reserva de la Biosfera (RB) para regular las actividades en la zona y tender hacia la verdadera sustentabilidad, siempre considerando en primer lugar a las comunidades ribereñas que tienen derechos históricos en este mar.

Es necesario entender que en México la industria pesquera siempre ha operado en aquellas regiones donde mejor les convenga, llevando a muchas especies, al menos, a la extinción comercial. Por ejemplo, yucatecos y campechanos pescan en las aguas de Quintana Roo, sinaloenses y sonorenses en las costas de Baja California Sur; esta situación no puede continuar, y llegó el momento de otorgar derechos a los locales sobre los fuereños para empoderarlos, garantizar sus métodos de subsistencia y responsabilizarlos de la salud de sus ecosistemas.

En el caso particular del Mar de Cortés, es de preocuparse que los fuereños llegan a las costas de Baja California Sur —donde no existe una flota pesquera industrial — a pescar y todo porque en sus aguas ya sobreexplotaron la antes abundante vida marina que alguna vez existió y, en consecuencia, ahora ya no es rentable para ellos pescar ahí. Sin duda, es una competencia desleal porque un pescador local ribereño nada puede hacer frente a los grandes barcos pesqueros que arrasan con lo que aún existe.

En el Mar de Cortés uno de los principales atractivos para la industria pesquera de altura es la captura de sardina, pero es de llamar la atención que la pesquería de esta especie esté certificada como “sustentable” por el Marine Stewardship Council (organismo internacional) siendo que esta pesquería destina 65% de los peces capturados a la elaboración de harina y aceites que sirven de alimento de acuacultura en México (son necesarios seis kilos de sardina para obtener uno de harina). Además, 10% se congela y es usada como carnada y apenas 24% es enlatada para consumo humano directo. Es irrisorio que la pesquería de sardina sea reconocida como sustentable.

Peor aún es que Estados Unidos y Canadá hayan prohibido su captura desde 2015 debido al colapso de las poblaciones, compartidas también por México. En este escenario, la CONAPESCA sigue incrementando los permisos y autorizando su captura.

Debo decir, con base en la ciencia, que la sardina es una especie forrajera que alimenta a peces como cabrillas, atunes, tiburones, delfines y hasta ballenas, orcas, lobos marinos, aves y todos los peces de pesca deportiva como los marlines y dorados. Es por eso que en el Mar de Cortés hoy ya no es posible ver la abundancia de especies que vio Cousteau.

Es importante reafirmar que es totalmente falso que una Reserva de la Biosfera en el Golfo de California, que mediría cerca de ocho millones de hectáreas, el Mar de Cortés estaría cerrado a la pesca; el área protegida que propone e impulsa la CODEMAR abarca apenas una tercera parte de los 24 millones de hectáreas que tiene este mar. Además, aplicaría sólo en aguas de Baja California Sur donde, repito, no existe flota pesquera industrial y donde también, por fortuna, aún se mantienen elevadas poblaciones de diferentes especies marinas.

Por lo anterior, la pesca industrial no se restringe ni en Sonora, Sinaloa ni en Baja California; en estos tres estados los pescadores industriales podrán seguir pescando en sus propias aguas donde tendrán que reordenar su esfuerzo pesquero, lo cual no implica de ninguna manera que se pierdan empleos, todo lo contrario, ya que se estarían creando nuevos empleos vinculados con el turismo; es decir, se trata de una reconversión productiva como todas las que ocurren continuamente en una economía abierta y dinámica.

Una Reserva de la Biosfera en el Mar de Cortés y el Pacífico Sudcaliforniano sería la mejor opción para garantizar la seguridad alimentaria que hoy se ve en riesgo por la pesca industrial depredadora que está terminando con las poblaciones de los más de los peces de esta región cuyas pesquerías están colapsadas en órdenes del 80%.

Por los pescadores ribereños

Quienes mejor cuidan su mar son los que viven ahí mismo; conocen cómo se mueven los peces, las corrientes, las temporadas de reproducción, cómo incide la Luna en las mareas, dónde están los nutrientes, dónde están las agregaciones de peces de diferentes especies, las tallas de los peces… hablo de los pescadores ribereños o artesanales, una raza divina en peligro de extinción, ellos son los que nos dan de comer, los que viven al día y los primeros afectados por un monstruo cuyo instinto es la voracidad del capital —la industria pesquera— que día a día les desplaza de su ámbito.

La industria pesquera, que tiene naves sofisticadas, en un santiamén se lleva un cardumen completo de cualquier especie marina, mientras que los otros pescan de manera artesanal con caña y cordel de uno en uno… Los primeros se apropian de toneladas de peces, y los otros apenas kilos de forma selectiva.

Los ribereños sólo pescan individuos adultos o maduros de determinada talla y los industriales de todo, incluidos juveniles que aún no alcanzan su etapa de reproducción.

La CODEMAR sugiere que Baja California Sur sea rodeado por una Reserva de la Biosfera de la costa hacia 50 millas náuticas (casi 95 kilómetros) con una zona de exclusión de pesca para la industria (embarcaciones de más de 10.5 metros de largo con refrigeración). Esta reserva incluye también una zona de amortiguamiento o de aprovechamiento para los pescadores ribereños donde ellos podrán llevar a cabo sus actividades tradicionales con visión de sustentabilidad como lo han hecho desde hace muchos años a la fecha en las aguas donde nacieron.

El Estado de Baja California Sur tiene un potencial tanto o más elevado que la península de Yucatán en relación al turismo. Es un reto fascinante para la administración de Andrés Manuel López Obrador y el futuro secretario de turismo, Miguel Torruco, así como para el gobernador del estado, Carlos Mendoza Davis, convertir ese espacio en un polo de desarrollo de turismo de conservación de etiqueta mundial. La oportunidad está ahí ya dada.

En México es una práctica ancestral el que todos pesquen en las aguas de sus vecinos y eso nos lleva en directo a pescar “antes de que se lo acabe el de junto”… Es necesario que por primera vez en la historia hagamos un ejercicio en el que los usufructuarios de esas aguas sean los habitantes del lugar.

La Reserva de la Biosfera del Mar de Cortés y el Pacífico Sudcaliforniano se fundamenta también en el artículo 48 de la LGEEPA que en pocas palabras refiere que los locales tendrán prioridad sobre los fuereños. Esto, en automático, empodera a los sudcalifornianos frente a los sonorenses, sinaloenses y bajacalifornianos que son hoy los únicos beneficiados de la productividad de este Mar, sin dejar ningún beneficio a cambio para los locales Sudcalifornianos.

Los verdaderos beneficiarios deberían ser los pescadores ribereños quienes tendrían la posibilidad de hacer una reconversión productiva de sus actividades vinculando su pesca a satisfacer las necesidades del turismo creciente en la región y los industriales tendrían que empezar a planear en redirigir su esfuerzo pesquero hacia otra zonas lo cual no implica que pierdan empleos.

Llegó el momento de utilizar para la gobernanza de la región un instrumento más asertivo, de mayor alcance y que esté fuera del alcance de favoritismos o de autoridades que están al servicio de los industriales, quienes tendrán que repensar su estrategia de negocio.

Llegó el momento de dar a luz la Reserva de la Biosfera del Mar de Cortés y el Pacífico Sudcalifornianos.

Foto: Leonardo González para ShutterStock.