Pesca ribereña en el Mar de Cortés

Por: Héctor Reyes Bonilla, Francisco Omar López Fuerte y Carlos Salomón Aguilar. Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS)

Hablar del Mar de Cortés es hablar de pescadores ribereños o artesanales quienes por generaciones y generaciones han encontrado en el mar su principal fuente de sustento. Sin embargo, para garantizar que el ecosistema esté sano, en equilibrio y se mantenga como un vivero de especies marinas, es fundamental reordenar este tipo de pesca, por lo que los autores del texto nos planean los retos a futuro que enfrentan estos “hombres del mar”. Se trata de una tarea que, además de involucrarlos a ellos, requiere la participación de un gran número de sectores de la población. Todos debemos apoyar e intervenir.

Los beneficios sociales

La pesca artesanal se lleva a cabo principalmente en embarcaciones menores a 10 metros de largo, y es una actividad económica relevante en el Mar de Cortés. En esa región al menos 55 000 pescadores generan poco más de 50% de la captura ribereña del país, y su trabajo da empleo a cerca de 90 000 personas de ambos sexos, quienes operan casi 250 plantas procesadoras o comercializan los productos dentro y fuera de México.

Ahí el esfuerzo de pesca se concentra entre el sur de Sonora y a lo largo de Sinaloa, una región biológicamente muy productiva. El valor comercial de las pesquerías ribereñas del Mar de Cortés en 2016 fue aproximadamente de 575 millones de pesos, y para mantener esta actividad en 2017 el gobierno federal invirtió más de 700 millones para modernizar 18 000 embarcaciones. En resumen, las actividades de pesca en el Golfo de California ofrecen una gran cantidad de beneficios para las personas involucradas en las labores, y para nosotros los consumidores.

Los recursos

En el “Acuario del Mundo” la pesquería es multiespecífica y gran parte de la captura es de “peces de escama”; incluye cabrillas, pargos, cochitos, huachinangos, jureles, lenguados y pericos. Además hay importantes niveles de captura de invertebrados —en especial, pulpos—, muy diversas clases de almejas y caracoles, y especies que no se consumen en México pero tienen alto valor en el mercado internacional, como las medusas “bola de cañón” y los pepinos de mar.

Los artes de pesca

En el Mar de Cortés se emplea una gran variedad de sistemas de captura. La Carta Nacional Pesquera incluye líneas de mano, anzuelos y redes de monofilamento para los peces de escama, equipos de buceo semiautónomos (“hooka”) para la captura de pulpo, almejas y caracoles; poteras y redes de cerco para el calamar; atarrayas y redes de arrastre con excluidores de tortugas y peces para el camarón ribereño; ganchos y trampas para jaibas, cangrejos y langostas; y chorros de agua impulsados por motobombas para las almejas generosas.

Los impactos negativos

Según el gobierno federal, 75% de los recursos marinos del país se encuentra en su máximo nivel de aprovechamiento sustentable. Una especie en esta condición está siendo extraída a un ritmo que reduce la intensidad de la competencia entre los individuos, por lo que la siguiente generación tendrá iguales probabilidades de éxito y, como resultado, la pesca sigue siendo una actividad viable. Desafortunadamente, ese punto de balance fluctúa por efectos ambientales o errores en las asignaciones de las cuotas de captura, y eso lleva al deterioro de la pesquería; actualmente 15% de los recursos marinos de México y del Golfo de California están sobreexplotados.

El problema no es nuevo, y en décadas pasadas la falta de regulación ocasionó que la totoaba, la tortuga y los tiburones fueran capturados a tal nivel que el gobierno federal tuvo que aplicar fuertes regulaciones e incluso llegar a la veda total. Otro agente que favorece la sobrepesca es la falta de información precisa sobre las capturas, que no permite estimar el nivel adecuado de explotación de las especies.

En este sentido, la Carta Nacional Pesquera promueve la problemática porque, por ejemplo, muchas especies de peces son consideradas juntas como “escama”, y es imposible manejarlas eficientemente. Por último, la pesca ilegal continua en el golfo, y un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad —publicado en 2013— indica que esta puede representar hasta 50% de la captura. El asunto no tiene solución obvia o inmediata, pero quizá sea el principal obstáculo para el buen manejo de los stocks pesqueros.

Los retos a futuro

Como dijimos, la pesca es una actividad esencial en el Mar de Cortés por su relevancia económica, social y cultural, y la situación de la mayoría de los recursos aún es aceptable. No obstante, es esencial trabajar no sólo para mantener este estado de cosas, sino para recuperar las poblaciones que han sido afectadas en exceso.

La mejor forma de alcanzar esta meta es involucrar los saberes de todos los actores. Es fundamental aumentar la vigilancia para disminuir en lo posible la pesca ilegal; es importante también decretar refugios pesqueros y otorgar concesiones que den certeza legal a los pescadores para el manejo de sus recursos. Por otra parte, las comunidades pesqueras deben respetar las regulaciones y además llevar a cabo registros confiables de las capturas que permitan correctas asignaciones de cuotas.

Las organizaciones civiles deben mantener sus programas de educación ambiental y apoyar a los pescadores a organizarse. Asimismo, los académicos tienen un papel esencial que jugar, aportando información científica que guie de manera confiable a todos los sectores para el manejo y preservación de sus recursos. La colaboración de todas las partes nos puede llevar a la verdadera aplicación del enfoque ecosistémico en el diseño de Programas de Ordenamiento y Planes de Manejo, lo cual permitirá realizar una pesca verdaderamente sustentable.