De Guerrero Negro a Cabo San Lucas: el Pacífico Sudcaliforniano

Por: La Redacción

¿Sabías que el Océano Pacífico es el mayor cuerpo de agua del planeta con 160 millones de kilómetros cuadrados? Ocupa la tercera parte del globo y sus límites son el Ártico, la Antártida, Asia, Oceanía, América… y sus aguas rodean a la Baja California. Quizá la parte que toca la península, específicamente a Baja California Sur, sea mínima tomando en cuenta la extensión de este océano, pero te sorprendería saber la enorme riqueza natural que esta zona alberga: de Guerrero Negro a Cabo San Lucas (dirección sur), encontramos diversos hábitats que son hogar de cientos de especies —algunas que sólo encontramos aquí—, además de área de reproducción y alumbramiento de otras. ¿La más conocida?, sin duda la ballena gris que llega hasta aquí tras recorrer unos 8 000 kilómetros desde Alaska. Otro habitante famoso: el temido, por mal comprendido, tiburón blanco, que halla aquí una “guardería” para los ejemplares más jóvenes. Y no olvidemos las “loberas”, como son conocidas las colonias de focas y lobos marinos.

La enorme biodiversidad sudcaliforniana es posible por una razón: en este punto de la geografía de México se encuentran las aguas frías —y ricas en nutrientes— del norte con las aguas cálidas del sur, lo que genera las condiciones ideales para que esta explosión de vida suceda.

El litoral más extenso del país

Baja California Sur es el estado con la mayor extensión de litoral de nuestro país: 2 230 kilómetros. Una parte corresponde al Mar de Cortés, el golfo que se ubica entre el continente y la península, y la otra al océano Pacífico: 1 400 kilómetros. Y si bien el primero fue llamado por Cousteau “el Acuario del Mundo”, el segundo no se queda atrás.

Así, imaginemos que recorremos el Pacífico sudcaliforniano de norte a sur para descubrir sus ecosistemas, del mar profundo a los manglares, pasando por sus esteros. Este viaje imaginario tendría que comenzar en el paralelo 28 Norte, justo donde la península se divide en dos estados y comienza la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno, que con sus dos millones de hectáreas es una de las áreas naturales protegidas más grandes del mundo.

Mirando al Pacífico, en el norte del estado, se localiza Guerrero Negro, con la mayor salinera del mundo. Muy cerca de ahí se encuentra la laguna Ojo de Liebre, conocida en todo el mundo por ser un lugar de reproducción e hibernación de la ballena gris. Pero, no es el único animal que depende de Ojo de Liebre: el león marino de California, el elefante marino del norte, la foca común, la ballena azul, aves y tortugas también viven ahí o son visitantes frecuentes.

Muy cerca de Ojo de Liebre, siguiendo la costa, encontramos varios pueblos pesqueros: Bahía Tortugas, Bahía Asunción y Punta Abreojos (llamada así porque “hay que abrir muy bien los ojos” ante las difíciles condiciones de navegación), localidades que se sostienen de la captura de especies representativas del Pacífico sudcaliforniano: langosta, abulón, ostión y caracol. Pero además sus playas, ideales para practicar surf y kitesurf, atraen al turismo… Uno diferente, al que no le interesa los grandes resorts y prefiere lugares apenas poblados, lejos de la civilización y en los que el tiempo, al parecer, se detiene.

Bajando hacia al sur y saliendo de la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno, todavía queda mucho por descubrir. Por ejemplo: en la parte central de la península nos encontramos con lugares como La Bocana, con su estero rodeado de manglares y dunas costeras. Desde ahí parten los tours de pesca deportiva. La recompensa para los más hábiles es pez vela, atún, jurel o dorados. También en el región central se ubica San Juanico, una comunidad de apenas 500 personas, pero que en verano e invierno recibe a surfistas internacionales que acuden en busca de las olas más grandes del mundo. Bajando más, en Bahía Magdalena nos encontramos con los puertos de San Carlos y Adolfo López Mateos, comunidades pesqueras pero también excelentes puntos para observar a la ballena gris o bien practicar la pesca deportiva de pez espada, mero, marlín o jurel, entre otros. Después, hacia la parte sur del Pacífico sudcaliforniano seguimos encontrando sorpresas, como el Pueblo Mágico de Todos Santos y, desde luego, Cabo San Lucas, con su turismo de gran clase.

Un hábitat en riesgo

Diversidad de ecosistemas, una de las mayores producciones pesqueras del país, una reserva natural Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, un litoral que alberga santuarios lo mismo para ballenas que para aves, la mayor extensión de dunas costeras en todo el país, una industria turística… Hasta aquí queda claro que la costa del Pacífico sudcaliforniano guarda una riqueza incalculable que, como sucede en todo el país, corre el riesgo de perderse.

¿La principal amenaza? La sobrexplotación pesquera. De acuerdo con el artículo “¿Cómo se pesca en México?”, elaborado por varios autores para datamares.org, el abulón y callo de hacha que en los 70 se contaban por millones, hoy tienen población de apenas miles.

Otro caso es el del tiburón: el Centro Interdisciplinario de Ciencias Marinas de La Paz advierte que su sobreexplotación está afectando la vida marina. Entre menos tiburones más depredadores, como el calamar, que diezman la población de peces menores, rompiendo así el delicado equilibrio ecológico de los mares.

Pero entonces, ¿es posible aprovechar el Pacífico sudcaliforniano sin afectarlo? La buena noticia es que sí… mientras se haga de manera responsable: respetando las vedas —como la del camarón, pepino de mar o pulpo—, apostando por otras formas de turismo, como el rural o no consuntivo, respetando las cuotas de embarcaciones que pueden salir a visitar las loberas o los santuarios balleneros, resistir las ganas de interactuar con los animales; por ejemplo, tocar a las crías de ballena o focas, pero sobre todo siendo conscientes que la riqueza de la región está en sus ecosistemas. De perderlos sólo quedaría la nada.

Foto: Andrea Izzotti para ShutterStock.