Revolución azul

La conservación de los mares

Por: Mario Gómez
@Mariogomezc

En la década de los 50 en México, el Presidente Adolfo Ruiz Cortines lanzó la estrategia “La Marcha al Mar”, y tomó la decisión de irse del campo al mar con la idea de diversificar sus fuentes de alimentación, copiando la iniciativa que otros países estaban llevando a cabo con la llamada “Revolución Azul”. Es ahí que nacieron instituciones con una obvia ausencia de visión y nada de planeación a largo plazo; el concepto de sustentabilidad era totalmente inexistente, y el objetivo era pescar “explotando” lo más que se pueda para hoy porque se acaba mañana, emulando de esa manera “La Tragedia de los Comunes”, de Garret Hardin, sin considerar que el mar tiene una estructura muy frágil y que cualquier desequilibrio incide de manera inmediata en su funcionalidad. Esa situación se ha mantenido hasta la fecha, afectando a todas las especies marinas cuyas poblaciones están colapsadas en niveles dramáticos.

Entonces, nuestro país invirtió en infraestructura pesquera y creó las instituciones que habrían de operar e implementar la estrategia. Todo empezó en el Golfo de México, en donde en alrededor de 20 años muchas de sus otrora pesquerías abundantes fueron diezmadas por la voracidad del capital. Desaparecieron paulatinamente —sin que lo notáramos— especies de primera calidad alimenticia como el huachinango, pargo, róbalo, mero, cherna y atún, también peces de pesca deportiva como sábalo, dorado y picudos como los velas; la ausencia de tiburones se hizo evidente de manera inmediata, y también desaparecieron las más de las especies de bivalvos, es decir ostiones, almejas y hasta caracoles.

Las gran mayoría de los recursos marinos han sido colapsados a niveles de 80 al 90% de sus poblaciones originales; esa rápida explotación de la biodiversidad marina del Golfo de México obligó a que el “esfuerzo pesquero” fuera trasladado al Pacífico para seguir aniquilando sin piedad y, sobre todo, sin ningún beneficio económico para México. La pesca hoy representa para nuestro país menos del .06% del PIB nacional.

En años pasados los impactos se han exacerbado en nuestro último reservorio marino, es decir el Golfo de California, también conocido como el Mar de Cortés, donde la exagerada explotación de la sardina ha provocado que esta especie forrajera, que es clave para la alimentación de otros peces pelágicos, haya casi desaparecido en muy pocos años. Hoy en Estados Unidos y Canadá han decretado una veda a la pesca de esta especie, mientras que en México se siguen otorgando permisos por la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (CONAPESCA).

A la mitad del Mar de Cortés se ubica Isla Rasa, un pequeño islote que hospeda a dos especies clave o indicadoras del estado de salud del ecosistema; son dos aves: el Charrán Elegante (Thalasseus elegans) que viene desde Perú, Ecuador y Chile a hacer su anidación en los meses de junio y julio, y la Gaviota Mexicana (Ploma Larus heermanni). La anidación de ambos se ha visto afectado hasta en 70% en los últimos años por la ausencia de su alimento (la sardina y anchoveta) que ha sido disminuido por la flota sardinera, y convertido en alimento para perros y pollos, cuando los mexicanos deberíamos estar aprovechando esa proteína de alto valor alimenticio, al menos para nuestra población infantil.

Cuando se ve un frenesí alimenticio en el mar, es una señal clave de que ahí debajo del mar mismo está sucediendo algo importante y de que ese mar tiene un buen estado de salud y que la cadena alimenticia no está afectada. Un frenesí alimenticio se distingue en el mar cuando se ven aves marinas —como pájaros bobos, fragatas y pelícanos— sobrevolando por encima de un cardumen de sardinas, anchovetas o macarelas. Las aves tienen la función de clavarse para dividir el cardumen y comer de uno en uno; los delfines, que son de los primeros en identificar al cardumen, lo empujan hacia arriba y así las aves participan del festín, pero debajo de éste llegan atunes, marlines, dorados, lobos marinos y tiburones. Todos trabajan en sincronía cumpliendo su función para aislar a las sardinas que sirven como alimento de estos peces mayores. Todo está conectado, misteriosamente conectado en las frágiles redes del equilibrio ecológico.

Si no hay peces forrajeros como se denomina a la sardina y anchoveta, desaparecerán los otros peces, llamados pelágicos. Las sardinas y anchovetas llegan al Mar de Cortés siguiendo la Corriente Marina de California que viene del Ártico y cuyas aguas transportan enormes cantidades de nutrientes que éstas persiguen para alimentarse. Pero las especies forrajeras son interceptadas en el Pacífico Norte de México por la flota sardinera mexicana y son diezmadas por la alta tecnología con que están equipadas estas naves modernas; no hay manera de escapar a los letales lances de sus redes, en donde también quedan atrapados tiburones, tortugas, mantas y aves marinas.

Hoy el célebre buzo Jacques-Yves Cousteau estaría llorando si supiera que el Golfo de California, llamado por él “El Acuario del Mundo” a finales de los 80, se ha convertido en un “Panteón Marino” en tan sólo 20 años.

La CONAPESCA, institución perteneciente a la SAGARPA que tiene el mandato de ley para operar y administrar los mares de México, ha sido totalmente ineficiente y ha jugado como juez y parte en la toma de decisiones y en su operación para aniquilar hoy lo que es un patrimonio de todos los mexicanos y que hasta la fecha sólo lo ha sido de aquellos que pescan sin visión de sustentabilidad a las más de las especies marinas con poblaciones que ya no alcanzan su capacidad de reproducción.

Las leyes del mar están hechas para la pesca y por los pescadores que se han aliado con las autoridades pesqueras para exterminar los Mares de México y nuestro capital natural que ellos denominan producto y que debiera ser reconocido en la ley como vida silvestre.

En 2009 en Aichi, Japón, se adquirió el compromiso vinculante u obligatorio entre países de tener bajo status de conservación y con zona de exclusión de pesca al menos 10% de su territorio marino. Ahora, con el Parque Nacional Revillagigedo, México apenas suma 4.7% de nuestro territorio marino y debe perseguir y cumplir ese objetivo para así garantizar la conservación de sus mares no sólo para los pescadores, sino para todos los mexicanos.

Aún existe la oportunidad económica que significa el Turismo de Conservación, como lo hacen en el Archipiélago de las Galápagos en Ecuador, en la Isla de Coco en Costa Rica, en Malpelo en Colombia y la isla de Coiba en Panamá, ejemplos claros de lo que puede generar potencialmente esta actividad no consuntiva.

La Coalición en Defensa de los Mares de México (COMARES) está trabajando en la estrategia que considera construir un Sistema de Áreas Marinas Protegidas con Zona de Exclusión de Pesca, y para ello habrá de promover los decretos de esas Áreas Marinas Protegidas (AMP) en sitios estratégicos de los ecosistemas marinos nacionales; de igual manera, en el diseño e implementación del Fondo para los Mares de México (FOMARES) que es el instrumento que captará los recursos financieros necesarios para la operación y protección de los bienes públicos que estos ecosistemas conservan.

Es imperativo que hagamos un cambio de visión en el sector pesquero, es urgente que volteen a ver los recursos marinos y no pesqueros y que den un viraje de timón hacia el rumbo correcto, el que podrá garantizar la seguridad alimentaria, vayamos hacia la sustentabilidad de los mares de México. Es urgente una cambio estructural en CONAPESCA que obstruye esa nueva visión y hay que involucrar a la SEMARNAT en este nuevo reto para que exista el equilibrio adecuado. Las facultades regulatorias de CONAPESCA deberán pasar a SEMARNAT al igual que el Instituto Nacional de la Pesca (INAPESCA) como Instituto de Ecología Marina. También habrán de modificarse artículos clave en la Ley del Mar y la Ley de Pesca.

Comencemos la verdadera Revolución Azul, la Conservación de los Mares de México.

Durante más de 20 años ha diseñado e implementado con éxito proyectos ambientales en México tanto para el sector público como para el privado. Entre 1997 y 2000 formó parte del equipo que creó la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP).
Ha promovido y gestionado la declaratoria de diferentes áreas naturales protegidas en México de carácter federal, estatal y municipal.

Crédito de foto: Ramón Castellanos.