Turismo versus Pesca en ANP: una disyuntiva entre medio ambiente y desarrollo

Por: Por Francisco Ursúa Guerrero
@Chilasmx

En años recientes se ha dado por discutir, en los ámbitos académico y gubernamental principalmente, acerca de las ventajas del desarrollo de actividades turísticas frente al aprovechamiento pesquero en Áreas Naturales Protegidas (ANP) de nuestro país. Puesto que dichos espacios son por definición , zonas en donde los ambientes originales no han sido significativamente alterados por la actividad del ser humano o que requieren ser preservadas y restauradas, vale la pena analizar las principales formas en que una y otra actividad económica inciden sobre la conservación del patrimonio natural.

¿Turismo de naturaleza; turismo de bajo impacto ambiental… es posible realizarlo sin impactar los sitios de visita?

Entendido como un turismo que se lleva a cabo sin modificar las condiciones naturales originales del sitio que se visita, sin exceder la capacidad de carga de los ecosistemas, teniendo la finalidad de transmitir a los turistas los valores intrínsecos del área y la necesidad de conservarla, en porciones relativamente pequeñas del ANP, en horarios controlados, mediante frecuencias suficientemente espaciadas, preferentemente sin vehículos motorizados y sin construcción de infraestructura… sí, es posible en teoría, si bien en ocasiones difícil de llevarse a la práctica. Una opción exitosa la constituye sin duda, el buceo libre y autónomo que se realiza en determinados sitios privilegiados de nuestros mares.

Existen ejemplos bien documentados en los que estas actividades turísticas tienen visos de sustentabilidad ambiental, después de varias décadas de operación continua. Tal es el caso del Sistema Arrecifal Mesoamericano en determinadas porciones del Caribe Mexicano frente a las costas de Quintana Roo (Cozumel y Sian Ka’an); o el de Cabo Pulmo en la Península de Baja California, en donde la reconversión de actividades pesqueras hacia el turismo ha sentado las bases para un desarrollo comunitario aparentemente muy exitoso, a decir de sus propios actores . En estas ANP, los años de capacitación de prestadores de servicios turísticos, el cambio de consciencia de las nuevas generaciones y las presiones provenientes de los propios visitantes, nacionales y extranjeros, han tenido como consecuencia un florecimiento notable de las economías locales y del ambiente que las sustenta.

¿Pesca en ANP … Es posible compatibilizarla con los objetivos de conservación?
El aprovechamiento pesquero es por su naturaleza, una actividad extractiva de especies de vida silvestre; sin embargo, descritas en la legislación y entendidas en la lógica depredadora de amplios sectores de la industria y el gobierno como recursos pesqueros.
Existe un conflicto permanente entre autoridades y usuarios dentro de las áreas marinas protegidas, derivado principalmente de las contradicciones inherentes a la regulación en el uso del patrimonio natural. Su problemática es compleja y el manejo de las especies de interés comercial se dificulta sobretodo porque la SAGARPA y la SEMARNAT parecen buscar objetivos divergentes: mientras que la primera está encargada de la regulación del sector enfocada a su aprovechamiento intensivo, la segunda se ve impedida de garantizar que las actividades se lleven a cabo con criterios de sustentabilidad. La coordinación entre esas dos secretarías de Estado es una necesidad imperiosa, y su restablecimiento por medio de un nuevo arreglo institucional, en donde el ministerio del ambiente regule y el ministerio de agricultura fomente la producción pesquera sustentable en nuestro país, será esencial para solucionar las fallas que han contribuido a su alarmante desplome.

El pescador industrial se comporta así como propietario absoluto de enormes superficies del territorio nacional en mares y costas, cuyos recursos explota de manera intensiva hasta llevarlos al borde de la extinción. Tristemente en México, no se tienen evidencias en donde la pesca industrial, ya sea de atún, camarón, escama, pulpo o langosta tenga visos de sustentabilidad, pues todas estas especies se encuentran severamente sobreexplotadas.

El pescador ribereño por su parte, entiende que el éxito de su arte depende de condiciones temporales y climáticas, de especies, ámbitos y comportamientos que no están todos, ni acaso siempre, sujetos a su dominio. Cuando se trata de pescadores responsables, éstos comprenden y respetan los ciclos de la naturaleza y las particularidades de una multiplicidad de peces, moluscos, algas, corales y esponjas que aprovechan en su beneficio, sin agotarlos. Esta pesca artesanal es todavía posible en pequeñas comunidades, en sitios alejados del desarrollo costero masivo, incluso en zonas de amortiguamiento de áreas naturales protegidas.

La muy reciente y significativa ampliación de la superficie protegida en el Archipiélago de Revillagigedo —a casi 15 millones de hectáreas de Parque Nacional con prohibición total de pesca— es un decidido ejercicio de soberanía y una muy acertada aplicación de una política que privilegia la conservación de la biodiversidad y las actividades turísticas de bajo impacto frente a las presiones de la explotación pesquera. En los próximos años habremos de comprobar cómo en efecto, ésta y otras áreas marinas con prohibición total de pesca se consolidan como alternativas de sustentabilidad.

    Evidencias
  • En isla Guadalupe, Baja California, un ejemplar de tiburón blanco genera 220 000 dólares por concepto de turismo (buceo), mientras que la venta de uno de ellos muerto es de apenas 300 dólares.
  • En el Parque Nacional Revillagigedo cada ejemplar de manta gigante (Manta birostris) genera 28 799 dólares anuales. En el lugar hay un estimado de 490 individuos, por lo que la derrama total es de 14 111 414 dólares al año.

Ingeniero Civil con estudios de Maestría en Medio Ambiente; durante más de 18 años ha trabajado en la administración de ANP: primero, como Subdirector del Parque Nacional Isla Contoy; luego como Director del Parque Nacional Isla Mujeres (Cancún) y de la Reserva de la Biosfera Sian Ka’an; finalmente, fue director regional de la Península de Yucatán.

Crédito de foto: Ramón Castellanos.