El liderazgo de Latinoamérica

Por: Cristian Laborda
@cristianlaborda

El año 2017 ha sido sumamente importante y gravitante para la conservación y protección del océano. En la Cuarta Conferencia Nuestro Océano —organizada por la Unión Europea en la isla de Malta— un número considerable de países anunciaron o concretaron la creación de nuevas Áreas Marinas Protegidas (AMP). Lo anterior, en sus diversas denominaciones, conlleva el máximo nivel de protección.

Desde Islas Cook, pasando por Nueva Zelandia, Palaos, Fiji y Canadá, se trabaja para crear nuevas áreas con el objetivo de proteger al gigante azul que absorbe 90% del calor que genera la actividad humana, así como 45% de las emisiones de CO2.

En este contexto, las Áreas Marinas Protegidas cobran un rol fundamental y determinante en el combate efectivo del cambio climático y además contribuyen con la preservación de la biodiversidad marina, donde destacan los recursos pesqueros que han sido por años objeto de una fuerte presión de pesca en los océanos de los cinco continentes.

Afortunadamente, la premisa que definía a las AMP como una herramienta antagónica a la pesca ha quedado en el pasado. El denominado “efecto rebalse” (en inglés spill over effect) está bien documentado en la literatura científica moderna, lo que avala —de forma empírica— el rol catalizador de estas áreas en la recuperación de recursos pesqueros. Asimismo, aquellas áreas costeras se han convertido en verdaderos vectores de movilidad social y fomento económico de las comunidades locales.

En este contexto global (sí, porque el océano conectado geográficamente por grandes corrientes es global), los países latinoamericanos no se han quedado atrás y están realizando enormes esfuerzos para fusionar el crecimiento económico con un desarrollo oceánico sostenible. Siendo éste un desafío enorme para países en vías de desarrollo, como el caso de la mayoría en Latinoamérica.

En los últimos años Chile, Ecuador, Colombia y Costa Rica, entre otros, han liderado la creación de AMP. Por ejemplo, Chile se comprometió a proteger 46% de su Zona Económica Exclusiva. Es importante destacar que este país junto con Ecuador, Perú y México están entre los 25 países pesqueros con mayor desembarque según la FAO; es justamente esta característica lo que hace aún más valorable sus esfuerzos.

Todos los avances que están teniendo los países comprometidos con la protección del océano son sumamente positivos porque están superando, por ejemplo, los escollos generados por otras necesidades nacionales, así como la presión política mediática de parte de la industria pesquera. Sin embargo, las comunidades locales y la sociedad avanzan más rápido aún en la concientización sobre la protección del gigante azul. Paulatinamente, van comprendiendo que es necesario invertir en proteger determinadas áreas del océano para que se mantengan lo más prístinas posibles y continúen el ciclo de la vida marina a largo plazo, sin intervención humana, lo cual permitirá recuperar de manera óptima esos espacios marítimos y su biodiversidad.

Por suerte, muchos gobiernos vienen cumpliendo sus compromisos internacionales, expresados en las metas Aichi y en otros foros, pero sobre todo han escuchado a su propia sociedad que está cada vez más consiente y ambientalmente empoderada.

Con las acciones concretas de conservación oceánica, los gobiernos de Latinoamérica están dando cumplimiento a los desafíos y obligaciones internacionales. El más importante es la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar) —la “Constitución de los Océanos”— de la cual forman parte 168 naciones. Este código ha otorgado una de las riquezas más relevantes que todo país costero puede tener, se trata del régimen de la Zona Económica Exclusiva, cuyos derechos soberanos para el Estado costero han generado billones de dólares en beneficios. Así también, la Convemar, obliga a los mismos Estados, con base en sus principios y normas, a proteger y preservar el ambiente marino (Parte XII, Sección 1 articulo 192).

Es por lo expuesto que es tan relevante para Latinoamérica y el mundo el anuncio de México sobre la creación del Parque Marino en el Archipiélago de Revillagigedo, que cuenta con una inmensa biodiversidad y que tiene una extensión de 14.8 millones de hectáreas, que lo convierten en el más grande de América del Norte.

De esta forma, México se suma al liderazgo de Latinoamérica en la preservación y protección del océano. Ahora, el país azteca asume el enorme desafío de crear, implementar, monitorear y fiscalizar esta nueva AMP. Con ello busca el adecuado balance entre crecimiento y protección ambiental. Ambos elementos sumamente importantes para países que enfrentan sus asimetrías económicas y sociales con altura de miras.

Ahora que ya casi termina este año podemos decir —nunca mejor acertado— que es hora de mirar el “vaso oceánico” medio lleno, porque México y otros países latinoamericanos en vías de desarrollo han asumido desafíos que usualmente han sido liderados por países desarrollados. Así, demuestran una reconocible valoración presente y futura del océano que, sin lugar a duda, será destacado como un legado vivo por las futuras generaciones de mexicanos y latinoamericanos.

Los países latinoamericanos están realizando enormes esfuerzos para fusionar el crecimiento económico con un desarrollo oceánico sostenible.

Por más de 10 años ha trabajado en temas de conservación marina, pesca y Derecho del Mar. Colaboró con la Subsecretaría de Pesca de Chile y lideró el Departamento de Asuntos Oceánicos de la Cancillería; también fue negociador en varios foros internacionales, incluyendo la ONU y la FAO.