Las mariposas del mar

Por Alberto Tinoco Guadarrama
@albertotino

A lo lejos se dibuja una sombra. Es una enorme mancha negra que asciende desde lo profundo y se aproxima. En la columna de agua donde los rayos del sol se refractan, la haloclina desvanece su silueta, es entonces que la imaginación suple a la mirada. Pasada la corriente, cuando todo se aclara, descubres una extraña criatura, de tamaño descomunal, que se mueve de forma lenta y cadenciosa. Su presencia te envuelve, como el canto de las sirenas. Sus ojos grandes y profundos seducen tu mirada, como si estuvieras hipnotizado, en un contacto visual que te atrapa. Y en cualquier descuido, eso que parece una mariposa del mar, puede llevarte a “el azul”… de donde ya nadie regresa.

El Boiler
Después de 25 horas de travesía, hemos alcanzado la última frontera de México. Estoy en El Boiler, un lugar de inexplicable rareza que nunca le ha pertenecido a los hombres sino a las criaturas del mar. Se trata de un pináculo sumergido, de forma oval, que con el oleaje en la superficie genera una especie de surgencia. Abajo, una pared “escalonada” de lava petrificada que alcanza los 45 metros de profundidad, es refugio de la fauna marina. Se trata del sitio más emblemático de la isla San Benedicto, un volcán emergido, que se eleva a 310 metros sobre el nivel del mar y que forma parte del Parque Nacional Revillagigedo, el nuevo baluarte de los esfuerzos conservacionistas a casi 400 kilómetros de Baja California Sur.

Acompaño una expedición de la Coalición en Defensa de los Mares de México, CODEMAR. A partir de ahora, en “Revilla”, como le llaman los buzos, está prohibida todo tipo de pesca comercial o deportiva. La zona núcleo de esta área natural trasciende el horizonte de la mirada. 14 800 000 hectáreas que ahora están protegidas por ley. Ninguna otra posición insular de las casi 4 000 islas que existen en México, había alcanzado la categoría de Parque Nacional con exclusión de pesca comercial.

Pero a 24 metros de profundidad, El Boiler revela un mundo que no se rige por los decretos federales. Es un lugar privilegiado, único en el mundo para el avistamiento de la portentosa manta gigante (Manta birostris). La primera vez que se cruza en tu camino, se queda grabada en los recuerdos. Son curiosas, no es necesario ir tras de ellas, tarde o temprano este elasmobranquio pariente de los tiburones, se acercará. Sólo hay que saber esperar.

Estar en el fondo marino siempre es un momento especial. Sólo aquí puedes dejarte llevar mientras se aproxima un animal que puede pesar hasta dos toneladas y tener una envergadura de hasta nueve metros, capaces de recorrer largas distancias y sumergirse a grandes profundidades. Observo a la manta gigante, su cuerpo es como un rombo gigante, plano, con aletas pectorales triangulares que al moverse parecieran alas. Son peces cartilaginosos, no tienen huesos, no tienen nariz y su boca se encuentra en la parte frontal de la cabeza. Su espina caudal es delgada, como un látigo, pero sin el “aguijón” venenoso que suelen tener las rayas. Su piel es áspera y está cubierta de un moco protector que evita algún tipo de infección. Es el pez con el cerebro más grande, lo que quizá explica su inteligencia.

El Cañón
Me sumerjo en El Cañón, otro sitio de buceo de San Benedicto. A partir de los 15 metros de profundidad observas una cresta de rocas que descendien gradualmente hasta llegar al cantil.

De pronto, aparece otra manta gigante, esta vez que se acerca mucho más, tanto que es posible ver cómo despliega sus lóbulos cefálicos y te sigue con la mirada. Me atrevería a decir que te analiza para ver qué eres y quiero suponer que sus electro-receptores son capaces, como en el caso de los tiburones, de percibir si estás emocionado, si tienes miedo. Debe medir unos cinco metros de disco, la tengo frente a mí, a unos cinco metros de distancia, la claridad del agua te engaña porque todo se ve más cerca de lo que realmente está. Y justo cuando piensas que las burbujas del regulador la van a ahuyentar, se posa sobre ti. Mis burbujas la acarician y parece que le gusta, da la vuelta y regresa, es curiosa. Claramente se distinguen sus branquias y su zona ventral con un patrón de manchas que las hace únicas, son algo así como una huella digital, que los investigadores utilizan para foto-identificarlas. Nada acompañada de una rémora que va adherida a su cuerpo, peces oportunistas que se alimentan de lo que las mantas desechan. Si observas hacia la superficie, su enorme cuerpo produce un contraluz que pareciera un espejismo, el encanto de las mariposas del mar ha surtido su efecto.

Registro inédito
En 2014, en mi primera expedición a Revillagigedo, durante una inmersión a bordo del submarino tripulado “Deepsea”, logramos registrar en video a una manta alimentándose a 130 metros de profundidad, una imagen que siempre quedó marcada en mi bitácora de viaje.

Después de descender unos 300 metros, sólo encontramos pequeños organismos bentónicos que ya habíamos registrado en otras inmersiones. Cuando iniciamos el ascenso acompañados por el ensordecedor silencio de la nada, el piloto del submarino Felipe Chacón, exclamo: “¡Ya vieron, es un bloom!”. El agua se volvía cada vez más turbia por la presencia de zooplancton (organismos que viven dispersos en la columna de agua, como pequeños crustáceos, gusanos y moluscos, así como huevos y larvas, que constituyen el mayor alimento de los mares).

Observamos que algo se movía de forma extraña, como en espiral. Al aproximamos distinguimos que se trataba de una manta gigante alimentándose, plegaba los lóbulos cefálicos para canalizar todo el alimento directamente hacia su boca, mientras continuaba nadando de forma circular, filtrando el agua a través de sus branquias.

Semanas después, nuestra imagen llegó hasta el escritorio del Dr. Robert Rubin, probablemente uno de los investigadores que más sabe de mantas gigantes; nos confirmó que se trataba de una imagen única, que ampliaba el registro de observación de esta especie para Revillagigedo.

En los últimos 20 años, Pacific Manta Research Group, bajo la dirección de Rubin, ha logrado foto-identificar a más de 350 individuos y determinar la conectividad entre la población de mantas gigantes y las islas e islote que conforman este Parque Nacional.

Hoy se sabe que son residentes del Archipiélago de Revillagigedo, con una alta fidelidad al sitio, lo que las hace más vulnerables a cualquier impacto en la zona. El investigador James Ketchum, de la organización Pelagios Kakunjá, quien participó en un estudio de capacidad de carga para buceo recreativo en el Archipiélago de Revillagigedo, señala que “El Boiler” en San Benedicto, parece haber llegado a su límite. “Roca Partida y San Benedicto son los sitios que llegaron ya a su límite en su capacidad de carga y son sitios en los que se debe controlar más el acceso. Recomendamos no más de dos barcos en estos sitios de buceo y máximo un grupo de buzos a la vez en el agua”.

El Archipiélago de Revillagigedo, registra un promedio de 3 000 buzos al año y la mayoría, viene en busca de las mantas gigantes.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la manta gigante está considerada en estado vulnerable. En nuestro país la especie está protegida por la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010. La realidad es que se le pesca de manera ilegal o incidental en las redes de los atuneros. En los mercados asiáticos se cree que sus branquias tienen propiedades medicinales. Se estima que a nivel mundial la captura de manta gigante asciende a más de 1000 individuos al año. En México una manta gigante puede valer 500 dólares o incluso menos en el mercado negro. Vivo, este gigante de Revillagigedo puede generar hasta 30 000 dólares anuales por el turismo de conservación.

La comunidad científica advierte que el género “Manta” dejará de existir.

La Manta birostris será identificada ahora como Mobula birostris

Para mí, siempre serán las mariposas del mar.

Periodista y productor asociado del proyecto de televisión Por el Planeta.

Crédito de foto: Ramón Castellanos.