Atunes y conservación de mares mexicanos

Por: Gabriel Quadri

La industria pesquera considera que todos los mares mexicanos son de su exclusiva propiedad. Explota frenéticamente nuestros ecosistemas marinos, provocando profundos impactos ecológicos que atentan incluso contra la sostenibilidad y permanencia de su negocio a largo plazo. La presencia y regulación del Estado es escasa en este sector.

En el caso del atún, siendo una especie migratoria, existe una institución regional encargada de administrar la pesquería. Se trata de la Comisión Interamericana del Atún Tropical (CIAT), a cargo de la pesquería de atún en el Pacífico Oriental tropical. Si bien esta instancia representa y reproduce los intereses de las empresas atuneras y autoridades nacionales pesqueras, constituye un espacio que en potencia puede ofrecerse como instrumento para el manejo sostenible y conservación de los ecosistemas marinos en el Pacífico.

La CIAT tiene la gran responsabilidad de regular en todo el Pacífico Oriental actividades pesqueras por parte de embarcaciones que usan redes de cerco (cerqueras), y palangres (palangreras) a escala industrial para la captura del atún. En ellas, además de la explotación de las propias especies objetivo (atún aleta amarilla y atún aleta azul), se capturan y matan muchas especies de fauna marina de manera deliberada (especialmente por parte de los barcos palangreros) o supuestamente “incidental”.

La CIAT ha sido incapaz de impedir el aumento en el esfuerzo pesquero en las flotas atuneras del Pacífico Oriental. Esto pone en peligro la sostenibilidad de las pesquerías de atún. El atún aleta azul ha sido diezmado a menos de 2.6% de su población original, y a pesar de ello, Conapesca, con anuencia de la CIAT, sigue autorizando alrededor de 3 000 toneladas anuales de captura para su engorda en ranchos atuneros en las costas de Baja California y su exportación al Japón. En cuanto al atún aleta amarilla, sus poblaciones se encuentran en el límite de lo sostenible y en riesgo de caer en una pendiente de colapso. Esto, ha llevado a la propia CIAT esta misma semana a decretar un mecanismo de veda, que de cualquier forma tendrá un efecto muy poco significativo en el esfuerzo pesquero total.

Más allá de los atunes, los impactos de la pesca sobre especies y ecosistemas marinos son devastadores. Cientos de delfines (todavía, a pesar del embargo atunero) y miles de tiburones de diversas especies (incluyendo tiburones martillo, sedosos, tigres, de Galápagos, de punta blanca, azules, makos y muchos más) son muertos por las flotas palangreras y de cerqueras o de redes de cerco. De hecho, las poblaciones de estos grandes depredadores han sido abatidas hasta menos de 10% de su tamaño original en el planeta con graves consecuencias para los ecosistemas marinos. Mencionemos que México es el sexto país en el mundo en exterminio de tiburones, ya que en nuestros mares se da muerte a entre seis y 10 millones de ejemplares cada año. La ilegalidad, también es ubicua. Casi ningún barco palangrero lleva observadores a bordo, no existen mecanismos eficaces de inspección y vigilancia de desembarcos en puertos, no hay registro ni control de embarcaciones menores, y el sistema de identificación y monitoreo satelital es aún muy deficiente.

La 92º Reunión de la CIAT en México, del 24 al 28 de julio, debe contar con una decidida participación del gobierno mexicano, y no sólo de Conapesca, sino de la Semarnat y de la sociedad civil, para lograr que la CIAT adopte resoluciones eficaces que permitan evitar el exterminio de tiburones y otras especies, impedir la extinción o el colapso total de la poblaciones de atún aleta azul, mantener la sostenibilidad en las capturas de atún aleta amarilla y otros túnidos y combatir decididamente la ilegalidad y la pesca no reportada o no regulada.

Foto: @save_the_bluefin_tuna