Pesca y mares en México: vergüenza y crisis

Por: Gabriel Quadri

Probablemente no exista en México otro sector con tanta impunidad y consecuencias ambientales tan graves como la pesca; ni un ámbito territorial con tanto desgobierno como los mares y costas de nuestro país. Tampoco, paradójicamente, otro sector y ámbito territorial tan alejados de los reflectores mediáticos, de la atención de la opinión pública y de las voluntades políticas; esto a pesar de una profunda crisis ecológica y de gobernanza. Mares y costas son una Torre de Babel de competencias y responsabilidades difusas y contradictorias, y la pesca ocurre en un vacío casi absoluto de regulación ambiental, a pesar de ser una actividad de explotación directa de ecosistemas naturales, poblaciones y especies.

Escándalo tras escándalo en la pesca han dejado imperturbable al status quo, basado en una visión sobre el mar exclusivamente consuntiva: destrucción y colapso de pesquerías en el Golfo de México; inminente extinción de la vaquita marina; saqueo de totoaba al alimón con el narco; exterminio de tortugas en Baja California Sur; defaunación de Áreas Naturales Protegidas; pillaje y desmantelamiento ecológico en el Mar de Cortés (miles de toneladas de sardinas hechas forraje para ganado); muerte artera de especies de interés turístico y de buceo (tiburones en Quintana Roo, donde uno vivo genera $200 000 anuales; muerto, sólo $3 000); uso generalizado de artes de pesca depredadoras; subsidios descarados a combustibles marinos que promueven la sobreexplotación (71% del presupuesto de Conapesca se destina a subsidios clientelares en 100 000 embarcaciones); impunidad en violación de vedas e ilegalidad casi intrínseca (la pesca ilegal representa entre 45% y 90% adicional a la producción nacional oficial). En la última década aumentó de 69% a 83% la proporción de las pesquerías que se encuentran en el máximo de su capacidad y en deterioro o degradación. Cada año se capturan y matan alrededor de 100 millones de tiburones, mientras la NOM-029-PESC-2006 para una supuesta “pesca responsable” de tiburones y rayas no limita ni establece ninguna restricción sobre el esfuerzo pesquero. Varias especies de tiburones han sido diezmadas hasta en 90% en el Golfo de México y 80% en el Pacífico, debido a pesca “incidental” y comercio ilegal de aletas para exportación al mercado asiático. La población de atún aleta azul del Atlántico se encuentra a la mitad del tamaño que tenía en la década de 1970. La población actual del atún aleta azul del Pacífico en Baja California ha sido abatida en 97% con respecto de su tamaño histórico y la especie continúa siendo sobreexplotada. La Zona de Exclusión Pesquera (ZEP) en la Sonda de Campeche, que es la única zona de no pesca en México y que opera como única reserva marina de facto para recuperar y conservar la biodiversidad, es codiciada por Conapesca y sus clientelas políticas para abrirla a la depredación, como lo han hecho durante décadas en el Golfo de México.

En este escenario, las áreas marinas protegidas y refugios (donde aún se sigue pescando) en México suman apenas 5.6 millones de hectáreas, equivalente a menos de 2% del territorio marino; extensión muy por debajo del 10% comprometido por nuestro país en la Convención sobre Diversidad Biológica de Naciones Unidas.

Es urgente una reforma institucional en pesca, mares y costas. La Secretaría de Hacienda debe cortar totalmente a Conapesca el presupuesto para subsidios; la regulación ambiental pesquera pasar a Semarnat junto con facultades integradas de gestión de mares y costas; ampliarse considerablemente las Áreas Naturales Protegidas en mares y costas; prohibirse la pesca de tiburones y rayas; vedar al atún aleta azul; e impedirse la apertura a la explotación de la Sonda de Campeche. Es todo…