Conapesca: carnada y populismo en mares de México

Por: Gabriel Quadri

Conapesca pretender abrir a la explotación pesquera el único fragmento del territorio nacional marino a salvo de ella, que ha operado exitosamente como reserva de biodiversidad y área de recuperación de ecosistemas y especies: la Zona de Exclusión Petrolera (ZEP) en la Sonda de Campeche del Golfo de México, establecida en 2003. Muchos han (literalmente) mordido este anzuelo al perseguir el loable objetivo de despetrolizar la economía del estado. Se trata de una carnada abiertamente clientelar y populista, y contraria no sólo a toda lógica de conservación, sino de productividad y desarrollo sustentable de las pesquerías.

La pesca es una explotación directa de ecosistemas naturales, que en México se lleva a cabo a costos ecológicos inaceptables: deterioro y colapso de gran parte de sus pesquerías, extinción de especies carismáticas o significativas (como la vaquita marina), y la degradación de ecosistemas. Lo explican la incompetencia e incapacidad de control de la autoridad pesquera; la captura regulatoria de las instituciones de gobierno correspondientes (primero, Secretaría de Pesca, después Semarnap, y ahora Sagarpa-Conapesca) por parte de intereses y organizaciones de pescadores tanto industriales como artesanales; la falta de zonas de exclusión pesquera (no take zones), y la impunidad y el desorden por ausencia de vigilancia eficaz (40% de la pesca en México es ilegal). Lo anterior, junto con una visión populista y clientelar, apuntalada subsidios cuantiosos a los combustibles pesqueros, y en ausencia de una entidad de gobierno que en nuestro país tenga en sus manos la gobernanza y planeación integrales del territorio marino y costero.

El hecho ahora es que la ZEP o Zona de Exclusión Petrolera en la Sonda de Campeche ha sido un experimento no intencionado y sin paralelo en México de conservación y restauración ecológica y de pesquerías en una superficie de 17 600 Km2; la motivación de su creación fue la seguridad. Al momento de ser establecida, en septiembre de 2003, la pesca en esa región del Golfo de México se encontraba en franco deterioro por sobreexplotación. Prevalecía también una baja en la productividad y en las remuneraciones, donde paradójicamente aumentó el número de personas empleadas en la pesca hasta 2003 en un escenario de disminución de capturas, lo que contribuía a la pobreza de la población pesquera.

En la ZEP la prohibición de la pesca, más la multiplicación de instalaciones petroleras en el mar (que se convirtieron en extraordinarios arrecifes artificiales de enorme biodiversidad), hicieron un milagro inconcebible para la institucionalidad pesquera de nuestro país.

En efecto, 13 años después, la evidencia apunta a que la ZEP ha operado como refugio de reproducción y repoblamiento de especies pesqueras sobreexplotadas, y como mecanismo de recuperación de todo el ecosistema. De hecho, ya en 2010 se manifestaron los primeros síntomas de recuperación en la biomasa y en la captura pesquera gracias a la ZEP, después de transcurrido un periodo consistente (de ocho a 10 años) al que señala la literatura especializada en zonas de exclusión pesquera o no take zones. De las 11 principales pesquerías de la zona, ocho han registrado una recuperación en volúmenes de captura (pulpo, jurel, camarón, caracol, jaiba, guachinango, tiburón y cazón).

Conapesca afirma que con la apertura de 10 000 km2 de la ZEP (área relativamente muy pequeña al oriente del Golfo de México) a la explotación pesquera se generarían 9 000 empleos y habría una derrama adicional de 1 200 millones de pesos, lo que ¡duplicaría! el valor actual de la pesca en Campeche; huele a carnada. La Presidencia de la República debe rectificar e impedir la apertura de la ZEP a la depredación pesquera, y más bien, declararla complemento para una gran reserva de la Biosfera Marina en la Sonda de Campeche.