Tiburones: ¿realmente son un peligro para el hombre?

Por: Mario Gómez

Hace unas semanas, diarios locales de Baja California Sur publicaron varias notas sobre los supuestos peligros que corren turistas y habitantes de la región a causa de la presencia de tiburones. Los medios reportaron la intención de acabar con dichas especies marinas a fin de garantizar la seguridad de las personas. Lo anterior surgió a raíz de la muerte de un turista que aparentemente fue devorado por tiburones.

Desafortunadamente, se trata sólo de notas que afectan directamente a los tiburones, a quienes se dedican al turismo de naturaleza en la zona y a todo el Parque Nacional Cabo Pulmo. La proliferación de ejemplares es un problema menor; tomemos en cuenta que existen más muertes por piquetes de víboras y abejas que los seis anuales por tiburones de los que existen registros.

Cabo Pulmo es un centro reproductor de tiburón y muchas otras especies, pero todas éstas tienen una coexistencia perfecta con el humano, así lo demuestra la creciente actividad de buceo en el Parque Nacional. Ahí no ceban tiburones —como aseguran los medios locales—; de hecho, esa acción está prohibida y además es innecesaria.

En defensa de los mares sabemos que la desafortunada muerte del turista nada tiene que ver con ataques de tiburones. En la zona donde lo encontraron, justo en Semana Santa, hubo alrededor de 7 000 bañistas sin afectación alguna; incluso es una zona en la que se agregan tiburones punta negra por la existencia temporal de sardinas.

Hacemos la aclaración de que esta especie de tiburón es muy esquivo o temeroso del ser humano; sin embargo, es un atractivo turístico muy importante en diferentes lugares del mundo. De igual manera, existen tiburones toro y limón dentro del parque y esperamos que también en la zona de influencia y más allá, ese es el objetivo del Parque Nacional.

Hoy todas las poblaciones de tiburones en México están colapsadas al menos en 80% en comparación con las poblaciones originales: los sedosos, coludos y zorros en México están en peligro de extinción por la pesca desmedida que básicamente aprovecha la aletas para el mercado asiático. Las voces que se levantan pidiendo aniquilar a los tiburones, seguramente persiguen fines económicos.

A nivel nacional existe una postura antagónica en la que están inmersos conservacionistas contra depredadores; tenemos diferentes casos como el de Playa del Carmen (Quintana Roo), donde anualmente de octubre a marzo se agregan hembras de tiburón toro, justo enfrente de la playa Mamitas, la más importante de la región; en ella se congregan diariamente miles de bañistas y nunca ha sucedido nada, a excepción de que un pescador en una noche sacó con un palangre 37 hembras que vendió en no más de 5 000 dólares cuándo estos tiburones le significan a la industria del turismo no consuntivo es decir, buceo, millones de dólares al año, por esa breve temporada.

Hoy los mares de México se ven muy afectados porque es muy poca la gente que busca su protección. El mar siempre ha sido un patrimonio de los pescadores e ideológicamente su visión es de explotación, principalmente nos referimos a las empresas de pesca comercial y a la pesca ilegal, que en nuestro país es una cortina de humo de las autoridades de Conapesca para cubrir el mal manejo que dan a las pesquerías en todo nuestro territorio marino.

En el caso puntual del Mar de Cortés, al que en algún momento llamara el buzo francés Jacques Costeau “El Acuario del Mundo”, nos encontramos con que la mayoría de sus pesquerías están diezmadas más allá del 70% de sus poblaciones originales.

Cuándo en la década de los 60 México decidió como gobierno dar inicio a la "Revolución Azul” para transitar del campo al mar, se sembró el primer desastre de muchos que habrían de venir para los mares mexicanos; nunca se hizo con visión sustentable de al menos mediano plazo y se acabaron poblaciones enormes de diferentes especies de fauna marina como la corvina, pargos, totoaba, cabrillas, almejas y otros bivalvos que eran especies de primera en términos de calidad. Hoy al no existir poblaciones suficientes de éstas, están sacando peces de tercera como chopas, y móbulas.

La Tragedia de los Comunes se replica por todo el Golfo de California al igual que por todas las costas mexicanas; no obstante, en el Mar de Cortés es más notorio porque se lo han acabado en un breve espacio de tiempo (de 1975 a la fecha). Hoy existen 60 barcos en las costas de Sonora que depredan a lo largo de este golfo y mares más allá cuanta sardina y anchoveta exista; desgraciadamente estas dos especies clave son el alimento de los pelágicos mayores que llegan cada año, como los dorados, tiburones, wahoos, picudos, jureles, lobos marinos, aves marinas, atune, y otros más que dependen de su existencia. Por eso es que la fauna marina en este mar está tan caída.

Especialmente mencionamos a la flota pesquera privada de atún aleta amarilla que está desapareciendo a paso veloz. Al Mar de Cortés le urge regular actividades y tener áreas naturales protegidas con zona de exclusión de pesca comercial; bienvenidos sean el buceo y la pesca de captura y liberación, que dejan ingresos sustanciales como lo refiere el ejemplo del Parque Nacional Galápagos, que genera millones de dólares anuales para Ecuador, país que se está enfocando en tener una estrategia en este rubro de turismo creciente en todo el mundo, ejemplo que habríamos de copiar para iniciar la verdadera “Revolución Azul”.

Foto: Gerardo del Villar